Promotoras ambientales impulsan basura cero en Costa Rica

Date:


Mayo, 2026

Costa Rica enfrenta una crisis de residuos con sus rellenos sanitarios casi al límite de su capacidad. El Municipio de León Cortés, por ejemplo, envía el 85% de sus residuos al relleno sanitario, y solo un 14% tiene como destino el reciclaje. Esta situación ha llevado a una proliferación de proyectos de incineración en el país, amenazando tesoros de biodiversidad como la zona Monumento Natural de los Santos, una zona rural y cafetera donde ocurre parte del proyecto de soluciones basura cero que presentaremos a través de la experiencia de Yoselin Zuñiga.

Yoselin Zúñiga monitora ambiental del proyecto Lideresas del cambio
© Camila Aguilera

Yoselin vive en el barrio El Estadio, en León Cortés, y fue una de las siete promotoras ambientales del proyecto Líderesas del Cambio, impulsado por la Asociación Defensores del Monumento Natural Zona de los Santos. El proyecto nació con el fin de buscar soluciones desde el origen del problema y de llegar con esas soluciones a la vida cotidiana de las personas. 

El proyecto comenzó con un estudio de composición de residuos que arrojó que el 60% de los residuos de los hogares que iban a participar en el proyecto correspondía a residuos orgánicos que terminaban en el relleno sanitario. Por otro lado, el municipio ofrecía retiro diferenciado, pero faltaba potenciar la educación ambiental para generar los cambios que se necesitaban para que existiera un compromiso a largo plazo por parte de los hogares.

“No era citar a la gente a un salón y decirles qué hacer. Era ir a sus casas, adaptarse a sus horarios, compartir un café, conversar”, comenta Yoselin.

Promotoras ambientales, el corazón del proyecto

Monitoras ambientales

La mayoría de los hogares que participaron en el proyecto estaban compuestos por mujeres que sostenían las tareas del hogar y que, por lo tanto, tenían dificultades para salir de la casa  y asistir a charlas o talleres. Por eso, las siete Lideresas del cambio eran mujeres del mismo barrio, también jefas de hogar, que compartían un lenguaje común y sabían cómo abordar la cotidianidad del barrio para sacar adelante el proyecto.

“Queríamos demostrar que las mujeres somos la primera base del hogar en lo que tiene que ver con reciclaje y compostaje”, explica Yoselin. “No desde un discurso feminista, sino desde la realidad cotidiana. Somos quienes sostenemos gran parte de la casa y también podemos impulsar estos cambios”.

Para cumplir la misión de hacer las visitas domiciliarias, las  monitoras recibieron una capacitación de 16 horas para fortalecer sus capacidades técnicas y habilidades sociales, prepararon materiales educativos y fichas de monitoreo. 

Llevar la educación ambiental a cada casa

Una de las decisiones del proyecto fue evitar capacitaciones masivas o charlas impersonales. Las conversaciones de las tres visitas que estaban contempladas para los 175 hogares que se sumaron al proyecto ocurrían dentro de las casas, en horarios acordados con cada familia. “No es lo mismo llegar a entregar un afiche que sentarse a conversar con alguien que ya conoce a la persona que le está hablando”, comenta Yoselin.

Recorrido por el barrio El Estadio Costa Rica

Las visitas se adaptaban a cada familia y fue un acompañamiento en el que se enseñó a compostar, a segregar y a reducir. Algunas personas aprendían escuchando, otras necesitaban ver ejemplos o tocar materiales. Por eso llevaban portafolios con muestras y apoyos visuales. “La idea no era solo ir a decir cosas. Era que realmente captaran el mensaje”.

Compostaje, menos malos olores y menos basura

El proyecto contempló la gestión de la fracción de orgánicos desde el comienzo. Quienes querían compostar en sus propios patios recibieron orientación y, quienes no podían hacerlo, tuvieron la opción de acceder a retiro diferenciado.  Para ello, se articuló un trabajo con Ovejas Verdes, el programa piloto municipal de gestión de residuos orgánicos, que envía los residuos a Coopetarrazu, la planta  de gestión de orgánicos industrial más grande de Costa Rica, donde el compost generado vuelve a productores de café.

Visita a la planta de compostaje de Coopetarrazu

“El orgánico fue lo que más le gustó a mucha gente”, recuerda Yoselin . “En la segunda visita me decían: ‘Los gusanos se me quitaron de la basura, los malos olores, las cucarachas también’”.

 “Uno pasa una semana acumulando residuos orgánicos en una bolsa y claro que eso genera malos olores. Cuando empezaron a separarlos, el cambio se notó de inmediato”.

“La gente me acogió muy bonito”

Si bien cada paso que se dio permitió consolidar cambios sostenidos con impactos ambientales positivos, también se buscaba impulsar una transformación social a través del fortalecimiento del liderazgo de las promotoras y que el barrio El Estadio se convirtiera en un referente ambiental en el cantón. 

Yoselin dice que una de las cosas que más la marcó fue la forma en que las familias abrieron las puertas de sus casas.“Entrar al hogar de alguien siempre es delicado. Uno podría pensar que la gente se va a sentir incómoda si le dicen qué hacer con sus residuos”. Pero ocurrió lo contrario. “No tuve malas caras de nadie. En la segunda visita ya me decían que llegara a la hora del café o del almuerzo para compartir”.

Para Yoselin, buena parte de los resultados tuvieron que ver con la cercanía. Ese enfoque permitió que las familias se sintieran parte del proceso y no simplemente receptoras de instrucciones. “Si alguien no podía un día, reprogramábamos. Todo era muy accesible. Entonces las personas también se comprometían”.

El miedo a los basureros clandestinos y la amenaza de la incineración

Aunque el proyecto mostró buenos resultados, Yoselin dice que todavía existe preocupación por el futuro de los residuos en la zona, “Sabemos que tenemos un problema. El problema de los plásticos de un solo uso, de la contaminación tan grande que hay, de que los rellenos sanitarios ya no dan abasto. En la zona ya las municipalidades no tienen contratos con los botaderos de basura. Y lo que más miedo nos provoca a nosotros como asociación y a nosotras como promotoras son los basureros clandestinos”, explica.

También menciona la amenaza de una incineradora proyectada para la zona, “Si llega el momento en que la municipalidad no tiene dónde llevar esa basura, ¿qué va a hacer? La gente va a tirarla donde pueda o van a poner la incineradora. Una incineradora que sabemos que en San Pablo León Cortés tiene los permisos firmados. Entonces, nosotros necesitamos dar a entender que sí se puede, que el cambio se puede hacer.”

Para ella, la solución no pasa solamente por gestionar mejor la basura, sino por reducirla desde el origen. “La idea no es pasar la vida buscando cómo resolver los residuos. La idea es que no se generen”.

“No podemos perder a esas familias”

Cuando habla del futuro, Yoselin insiste en la continuidad. “No queremos que esto desaparezca”. Las familias ya capacitadas, dice, necesitan seguimiento, nuevas actividades y espacios donde seguir participando.

Al cerrar la conversación, vuelve a recalcar que el proyecto funcionó porque se construyó desde el barrio, entre personas que ya se conocían y compartían la vida cotidiana. “Fueron más de quinientas personas alcanzadas entre adultos y niños. No podemos perder eso”.

“La gente estaba feliz con el cambio.”

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