Los niveles de sargazo han sido excepcionalmente altos en casi todas las regiones del Atlántico tropical desde diciembre de 2025, según los sistemas de observación satelital del Laboratorio de Oceanografía Óptica de la Universidad del Sur de Florida, a través del Sistema de Vigilancia de Sargazo basado en Satélites, una plataforma científica que utiliza imágenes satelitales para detectar la presencia de sargazo en el océano.

Pero hay maneras de manejarlo si entidades comunitarias y políticas trabajan juntas.
Parte del problema es que el cambio climático hizo que las inusualmente altas temperaturas del océano en algunas partes del Atlántico sean al menos 800 veces más probables en el mes de enero debido al cambio climático, según los datos de Climate Central. Por ejemplo, el 22 de enero, la temperatura oceánica en una parte en el centro del Atlántico era de 26.5 °C. Es decir, 1.2 °C más cálida de lo normal para esta fecha.
Esto es un escenario propicio para que la región del Caribe vuelva a enfrentar episodios intensos y recurrentes de la llamada alga marrón, que se extenderá desde las Antillas menores y las Antillas mayores hasta México por todo el año.


El sargazo podría llegar repetidamente a las playas, afectando al turismo, la salud pública y la economía. A medida que las algas se descomponen, liberan sulfuro de hidrógeno que es altamente peligroso, y puede provocar irritación y hasta la muerte en altas concentraciones
Varias subregiones del Caribe oriental y el Atlántico occidental, donde para enero 2026 ya se han alcanzado valores históricos, con cobertura en las áreas de mayor concentración que han superado el 0.4% de la superficie oceánica observable; este valor indica que la presencia de estos mantos flotantes va en aumento.
Los mapas de sobre acumulación revelan dos núcleos masivos bien definidos, uno en el Atlántico oriental (cerca del golfo de Guinea de África) y el otro en el occidental (norte de Brasil y Venezuela), resultado tanto del crecimiento local como por la transportación superficial desde el mar de los sargazos.
Al observarlo desde una perspectiva estadística, los valores superan el percentil 75 de la distribución histórica, lo que también permite clasificar el 2026 como un año con gran abundancia de sargazo.
Desde el inicio de la década de 2010, el Atlántico norte ha sido invadido por un fenómeno sin precedentes: El Gran Cinturón Atlántico de Sargazo. Esta mancha casi compacta formada por algas grandes flotantes se extiende desde las costas de África occidental hasta el mar Caribe, llegando hasta el golfo de México. Este fenómeno se ha convertido en un visitante anual, cuya intensidad crece, llegando a ser un rasgo estructural del sistema oceánico-atmosférico tropical, con implicaciones climáticas, ecológicas, sanitarias y económicas.
El sargazo no es solo un tema de biología marina, sino un fenómeno que necesita mirarse desde distintas disciplinas. El clima juega un papel clave porque el aumento de la temperatura en los océanos es uno de los principales motores de la proliferación de estas algas. También influyen la circulación de las corrientes y el movimiento de nutrientes a gran escala.
En el Atlántico norte, las descargas de grandes ríos como el Amazonas, el Orinoco y el Misisipi aportan nutrientes que favorecen el crecimiento del sargazo, formando extensas acumulaciones que parecen pequeños mares. A esto se suma la región del golfo de Guinea, donde también se ha desarrollado una zona importante de sargazo.
Otros factores muy importantes para tomar en cuenta son un aumento en temperatura de la superficie oceánica, la deposición de polvo sahariano rico en hierro y fósforo, que crean un entorno altamente favorable para la proliferación de dos tipos de Sargassum: el natans y el fluitans. Estas condiciones de fondo son moduladas por la dinámica atmosférica de gran escala, que controla los vientos alisios, las corrientes y, en última instancia, las rutas de transporte del material flotante (figura 1).


Al analizar los posibles escenarios climáticos para el año 2026, nos encontramos con una transición desde La Niña débil hacia condiciones de El Niño/Oscilación del sur (ENSO, por siglas en inglés) en situación neutral, con posible tendencia a neutral cálido hasta finales del verano. En este contexto, el Anticiclón Subtropical del Atlántico Norte se proyecta con una intensidad cercana a su comportamiento natural (climatológico), pero con pulsos de fortalecimiento, ya que normalmente suele extenderse hacia el Caribe durante la primavera y el verano.
Los vientos alisios también son factores aquí porque son corrientes (casi) constantes del noreste en el hemisferio norte e impulsados por el anticiclón de las Azores, una zona de alta presión en el Atlántico.
Encontramos que esta dinámica regula el patrón dominante en la región y favorece un flujo persistente de este a oeste, que intensifica la corriente del Caribe y reduce la dispersión de masas flotantes hacia el Atlántico norte. En términos prácticos, se crea un corredor que facilita el transporte del sargazo desde las regiones de origen del Gran Cinturón de Sargazo del Atlántico en el Atlántico tropical oriental, hacia el arco de las Antillas Menores, y posteriormente hacia Puerto Rico, La Española y el Caribe occidental.
Han documentado en años con configuraciones subtropicales similares las trayectorias superficiales del océano simuladas y observadas, que muestran una alta eficiencia en la conexión entre el Atlántico central, el arco de las Antillas Menores y la cuenca caribeña. Cuando esta circulación se acopla a una cantidad de biomasa elevada en el cinturón del sargazo, el resultado es un aumento significativo en la probabilidad de arribazones fuertes e intensas entre los meses de mayo hasta agosto, coincidiendo con el fortalecimiento estacional de los alisios y las temperaturas elevadas en el Caribe.
Frente a esta nueva realidad climática, donde el Caribe se presenta como una de las regiones más vulnerables del planeta, tanto la comunidad científica como los organismos regionales coinciden en que no existe una solución inmediata al problema.
Posibles soluciones
Pero no es solo mala noticia.
La vigilancia satelital continua, liderada por la iniciativa del Laboratorio de Oceanografía Óptica de la University of South Florida, permite la anticipación de la llegada de las grandes masas de sargazo. Con este conocimiento, las comunidades caribeñas pueden implementar medidas como redes para atrapar al sargazo y organizar grupos de personas que puedan recogerlo y hasta utilizarlo para eco-productos.
Una gestión costera de adaptación, que combine la rapidez en la remoción de las algas con técnicas que minimicen el impacto, evita que los sedimentos impacten los corrales y las yerbas marinas, así como la erosión de las costas. Esto significaría un trabajo continuo entre organizaciones y políticos. Hay ejemplos de esto en Puerto Rico, República Dominicana y en las otras islas de las Antillas Menores. Lamentablemente, lo que falta son políticas que reduzcan los aportes que provienen de los abonos y fertilizantes, así como el aporte de clorofila a través de los ríos.
Finalmente, el Gran Cinturón Atlántico de Sargazo se ha convertido en una muestra visible de este problema y uno de los indicadores del desequilibrio del océano Atlántico, alimentado por el aumento de las temperaturas oceánicas.
Para el 2026, todo apunta a que estas algas estarán muy presentes en la vida de toda esta región y tendremos que adaptarnos a convivir con millones de toneladas de biomasa (algas) flotante que definirían el paisaje de nuestro bello Caribe.


