Una nueva y mejor manera de monitorear El Niño y La Niña » Yale Climate Connections

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El calentamiento global ha hecho cada vez más difícil identificar con precisión El Niño y La Niña, los calentamientos y enfriamientos regionales del océano Pacífico tropical oriental que pueden alterar el clima durante meses en amplias zonas del mundo. A partir de este febrero, los pronosticadores de la NOAA están utilizando un índice nuevo y mejorado que evita los problemas derivados de usar una “regla” fija para medir El Niño y La Niña en un clima que ya no es estacionario.

Meteorólogos tanto del ámbito operativo como del de investigación celebran el nuevo índice como un paso clave para mejorar los pronósticos estacionales fundamentales que utilizan desde agricultores hasta responsables de la gestión de emergencias.

Cuando las aguas superficiales del océano Pacífico oriental se calientan (El Niño) o se enfrían (La Niña), normalmente durante períodos de uno a tres años, las repercusiones influyen en todo, desde las lluvias en África hasta la formación de huracanes en el Atlántico y las sequías en el suroeste de Estados Unidos. Aunque cada episodio es diferente, los impactos a gran escala son en cierta medida predecibles. Por ello, cuando un evento de El Niño o La Niña comienza a manifestarse —por lo general hacia el otoño del hemisferio norte, a veces un poco antes—, es posible elaborar pronósticos útiles sobre lo que puede esperarse durante el invierno siguiente en el hemisferio norte.

Figura 1. Patrones climáticos típicos (teleconexiones) favorecidos durante el invierno del hemisferio norte por El Niño (arriba) y La Niña (abajo). (Crédito de la imagen: NOAA/NWS)

Pero la orientación que brindan El Niño y La Niña ha tenido algunas fallas notables en los últimos años. Y los investigadores han identificado una de las razones de ello, lo que ha llevado a la creación y adopción del Índice Oceánico Niño Relativo (Relative Oceanic Niño Index en inglés o RONI) en lugar del Índice Oceánico Niño Tradicional (Traditional Oceanic Niño Index en inglés o TONI).

Michelle L’Heureux, pronosticadora principal de las actualizaciones periódicas de la NOAA sobre El Niño y La Niña, señaló en un correo electrónico que espera con interés trabajar con RONI. Considera que el índice, descrito en un artículo de 2024 del cual es autora principal, es un indicador más claro del sistema El Niño–Oscilación del Sur (ENSO, por sus siglas en inglés), que se refiere a El Niño, La Niña y al acoplamiento océano-atmósfera que los impulsa.

“Nuestro indicador tradicional, que se basa en la temperatura de la superficie del mar, está cada vez más desalineado de los cambios en la atmósfera que son intrínsecos al fenómeno ENSO acoplado”, escribió L’Heureux en un correo electrónico. “El RONI parece captar mejor este acoplamiento”.

Según L’Heureux, los servicios meteorológicos de Australia y Nueva Zelanda ya han adoptado el RONI, e India se encuentra entre otros países que están considerando el cambio. (Para mantener la continuidad, la NOAA conservará estadísticas tanto para el TONI como para el RONI).

“El Índice Oceánico Niño Relativo proporcionará una evaluación más precisa de los eventos de El Niño y La Niña a medida que los océanos del mundo continúan calentándose”, afirmó en un correo electrónico Clara Deser, científica principal del Centro Nacional de Investigación Atmosférica de la NSF. “Este calentamiento de fondo, sin duda reflejo del cambio climático causado por el ser humano, oscurece la verdadera magnitud de estos eventos, lo que dificulta la predicción operativa y la evaluación de los riesgos climáticos asociados”.

Por qué el RONI funciona mejor que el TONI en un mundo que se calienta

Las condiciones de El Niño y La Niña involucran tanto al Pacífico tropical como a la atmósfera que lo cubre. A medida que las aguas se calientan y enfrían en vastas zonas de la región (incluidas áreas más grandes que Estados Unidos), la atmósfera asciende y desciende en respuesta. A su vez, esas corrientes ascendentes y descendentes pueden reforzar un evento de El Niño o La Niña, o acelerar su finalización.

Una imagen de la clasificación e intensidad de los eventos de El Niño y La Niña.
Clasificación del momento y la intensidad de los eventos de El Niño y La Niña desde 2010 según (izquierda) el Índice Oceánico Niño Tradicional (TONI) y (derecha) el nuevo Índice Oceánico Niño Relativo (RONI

En el centro tanto del RONI como del TONI se encuentra la temperatura de la superficie del mar en una franja del Pacífico tropical central y oriental conocida como la región Niño 3.4. Si las aguas superficiales de esta región alcanzan al menos 0,5 grados Celsius por encima del promedio y la atmósfera se comporta de manera sincronizada, se considera que existen condiciones de El Niño. Para calificar como un “episodio” propiamente dicho, la temperatura de la región Niño 3.4 debe mantenerse al menos 0,5 °C por encima del promedio durante un mínimo de cinco períodos consecutivos y superpuestos de tres meses. Del mismo modo, si la temperatura de Niño 3.4 desciende al menos 0,5 °C por debajo del promedio y la atmósfera responde en consecuencia, se establecen condiciones de La Niña.

El desafío de este modo tradicional de evaluación radica en definir qué se considera “promedio”. Se requieren al menos 30 años para filtrar las variaciones naturales de la climatología. El método tradicional consiste en comparar las lecturas actuales de la región Niño 3.4 con el promedio de los 30 años más recientes (actualmente el período 1991–2020). Aunque este punto de referencia se actualiza cada cinco años, refleja de manera inherente un mundo más frío que el que habitamos hoy.

En contraste, el RONI se calcula partiendo del TONI y restando luego las temperaturas actuales de la superficie del mar promediadas en todos los trópicos globales, entre los 20 grados de latitud norte y sur. (Se aplica un factor de escala para asegurar el nivel adecuado de variabilidad). De este modo, el RONI identifica mejor los eventos de El Niño y La Niña dentro del clima general. Además, dado que las repercusiones atmosféricas de El Niño y La Niña están influidas por las temperaturas oceánicas en otras regiones, el RONI capta una mayor parte de esa posible interacción.

“Uno de los atributos positivos del RONI es que es relativamente insensible a la elección de la climatología”, señaló L’Heureux.

Un gráfico de la clasificación del momento y la intensidad de los eventos de El Niño y La Niña desde 2010 según el Índice Oceánico Niño Tradicional y el nuevo Índice Oceánico Niño Relativo.
Figura 4. Clasificación del momento y la intensidad de los eventos de El Niño y La Niña desde 2010 según (izquierda) el Índice Oceánico Niño Tradicional (TONI) y (derecha) el nuevo Índice Oceánico Niño Relativo (RONI). Las cursivas se utilizan para resaltar los casos en los que las clasificaciones del RONI difieren de las del TONI. Los bloques de color de varios años indican eventos de El Niño o La Niña que se prolongan durante dos o más años. Las categorías de intensidad se basan en la mayor desviación trimestral registrada en cada año centrado en el invierno del hemisferio norte, utilizando los umbrales de ±0,5 °C para “débil”, 1,0 °C para “moderado” y 1,5 °C para “fuerte”. (Gráfico de Bob Henson basado en datos del TONI y del RONI de NOAA/NWS/CPC).

Como se muestra en la Fig. 4, dos episodios de La Niña (2016–17 y 2017–18) han sido reclasificados de débiles a moderados. Dos eventos moderados de La Niña con una breve pausa entre ellos (2020–21 y 2021–23) ahora se consideran un evento continuo de tres años (2020–23), con un pico en la categoría fuerte. Asimismo, dos años con condiciones de El Niño (2014–15 y 2019–20) han sido “degradados” a condiciones neutrales.

Según el índice tradicional, las condiciones ligeramente más frías que han predominado desde 2024 no alcanzaban el umbral para calificar como un episodio de La Niña. Con el RONI, estas se elevan a dos eventos moderados, 2024–25 y 2025–26, siendo este último aún en curso. Nota aclaratoria: al igual que un huracán de categoría 5 puede alcanzar ese pico solo durante una parte breve de su vida, las intensidades máximas de El Niño y La Niña que se muestran en la Fig. 4 pueden corresponder únicamente a un período de tres meses. Actualización: la Fig. 4 ha sido mejorada para mostrar las intensidades de cada año centrado en el invierno del hemisferio norte, incluso en los episodios de varios años.

Si el RONI se hubiera utilizado desde 2010, podría haber dado a los pronosticadores una alerta temprana sobre los eventos mencionados. En su artículo de 2021, Defining El Niño indices in a warming climate, un grupo liderado por Geert Jan van Oldenborgh (Instituto Meteorológico Real de los Países Bajos) señaló que el evento de La Niña de 2016–17 tuvo efectos más intensos de lo esperado en varias regiones, contribuyendo a graves déficits de lluvias otoñales en el Cuerno de África y a precipitaciones excesivas en Indonesia.

“Con mayor atención y tiempo de anticipación, podrían haberse tomado medidas más amplias y tempranas para prevenir algunos de los impactos humanitarios de las teleconexiones de La Niña”, escribieron.

Figura 5. Personas y ganado se congregan junto a un cauce de río casi seco el 24 de febrero de 2017 en Dhudo, Somalia. A comienzos de 2017, el país se encontraba al borde de la hambruna, con más de la mitad de su población enfrentando inseguridad alimentaria aguda, según las Naciones Unidas. (Foto de Andrew Renneisen/Getty Images)

Por otro lado, los impactos del evento de El Niño 2023–24 en las latitudes medias del hemisferio norte —que pasó de ser clasificado como “fuerte” a “moderado” con el cambio al RONI— resultaron en general más débiles de lo que se había anticipado. En un artículo publicado en enero, Clara Deser y sus colegas utilizan experimentos con modelos para demostrar que los efectos atmosféricos del calentamiento oceánico global pudieron haber contrarrestado en gran medida los impactos esperados del El Niño 2023–24.

La conexión con los huracanes

El RONI también puede ayudar a explicar por qué las temporadas de huracanes del Atlántico de 2016, 2017, 2020, 2021, 2022, 2024 y 2025 causaron tantos problemas, y por qué algunos de esos años superaron los pronósticos estacionales que incorporan el comportamiento esperado de La Niña y El Niño. En cada uno de estos años, las condiciones de La Niña —que tienden a aumentar el riesgo de huracanes en el Atlántico, especialmente en el golfo de México— aparecen con mayor intensidad en el RONI que en el TONI.

“Soy un gran fan del RONI”, escribió por correo electrónico Phil Klotzbach (Universidad Estatal de Colorado). Un grupo liderado por Levi Silvers, también de la CSU, utilizó recientemente el RONI para mostrar dónde es más probable que los ciclones tropicales se intensifiquen rápidamente durante El Niño y La Niña. Descubrieron que los patrones de intensificación se correlacionaban mejor con el RONI que con el TONI.

El fuerte evento de El Niño en curso en 2023 normalmente habría llevado al grupo de Klotzbach a predecir una temporada del Atlántico relativamente tranquila. Sin embargo, los océanos Atlántico e Índico también estaban excepcionalmente cálidos, y los modelos climáticos preveían una baja cizalladura del viento en el Atlántico. Basándose en gran medida en esas señales de los modelos, explicó Klotzbach, “optamos por un pronóstico estacional por encima del promedio, y se cumplió bastante bien… Aunque las temperaturas de la superficie del mar (TSM) en el Pacífico tropical importan, lo que importa aún más es cómo se comparan esas TSM con las del resto del planeta”.

Figura 6. El Huracán Idalia (izquierda), el Huracán Franklin (centro) y la Depresión Tropical Once (derecha) el 29 de agosto de 2023, durante uno de los períodos más activos de lo que terminó siendo la cuarta temporada de huracanes del Atlántico más activa registrada. Esto ocurrió a pesar de la presencia de un evento fuerte de El Niño, según la antigua clasificación del sistema TONI. Bajo el nuevo sistema RONI, el evento se mantuvo solo en niveles moderados durante la temporada de huracanes, aunque alcanzó un pico marginalmente fuerte hacia finales de 2023. (Crédito de la imagen: NOAA, vía Wikimedia Commons)

De hecho, los investigadores de ciclones tropicales fueron de los primeros en señalar la importancia de usar temperaturas de la superficie del mar relativas, según Michael Tippett (Universidad de Columbia). En un artículo publicado en noviembre, Tippett y sus colegas examinaron qué tan bien se relacionan los distintos índices con la actividad de ciclones tropicales en el Atlántico.

“Encontramos que los índices modernos de ENSO (especialmente RONI) presentan ventajas modestas pero estadísticamente detectables sobre el índice tradicional”, dijo Tippett en un correo electrónico. El beneficio del RONI fue especialmente notable a la hora de predecir el número de tormentas nombradas, añadió.

Tippett también señaló: “Curiosamente, la diferencia entre los índices tradicionales y los modernos de ENSO está aumentando de manera significativa”.

Mantenerse al día con un clima que se calienta

Jeremy Klavans, científico postdoctoral en la Universidad de Colorado Boulder, es uno de los que ha estado examinando la persistencia multidecada de La Niña y los factores que podrían influir en ella. Señala la utilidad de filtrar el efecto del cambio climático mediante técnicas como el cambio de TONI a RONI, así como la necesidad de asegurarse de que no se omita información importante al considerar modos regionales como ENSO y la Oscilación Decadal del Pacífico en un mundo que se calienta.

“Estos modos regionales son principalmente útiles si captan una señal regional, no global, y si explican impactos significativos. Por ello, la mayoría de estos modos intentan excluir la señal del calentamiento global”, explicó Klavans en un correo electrónico. “A medida que el mundo se calienta, esta tarea se ha vuelto más difícil”.

Según Klavans, “RONI es un intento bien fundamentado de tener en cuenta la señal del calentamiento en un entorno operativo desafiante. Además, parece ser útil, ya que está asociado con un conjunto relativamente estable de impactos climáticos.

“Sin embargo, creo que queda una pregunta abierta sobre modos regionales como RONI y la Oscilación Decadal del Pacífico: ¿qué tan relevantes serán para la sociedad en el futuro? ¿Seguirán siendo ENSO u otros índices tan útiles para predecir el clima regional como solían ser? A medida que continuamos refinando las definiciones de nuestros índices climáticos, es vital actualizar continuamente nuestra comprensión de cómo los nuevos índices afectan el clima regional”.

Jeff Masters contribuyó a este artículo.

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