Seis días a la semana, María Hernández se levanta a las 5 de la mañana para prepararse a ella y a su familia para el día. “Tiene que estar muy organizada”, dijo por vía telefónica un domingo, el único día en que normalmente no trabaja. La mamá de cuatro hijos vive en Salemburg, Carolina del Norte, y ha trabajado por décadas en la agricultura, en un estado que ha atraído miles de trabajadores como ella.
Hernández, de 53 años, tiene diabetes lo que la hace preocuparse por trabajar los veranos en los campos de tabaco, donde las temperaturas pueden dispararse por encima de las zonas circundantes.
“Puede ser 98 grados (°F), pero en un campo de tabaco puede ser más de 110 grados”, dijo Hernández.
Las temperaturas extremas pueden dejar a los trabajadores peligrosamente acalorados y deshidratados, un problema que se agravará a medida que las temperaturas suban a consecuencia del cambio climático. Ahí es donde entra en escena Elizabeth Mizelle, enfermera y profesora de la Universidad de Carolina del Este. Inspirada en las mochilas de hidratación que sus hermanos usaban durante su servicio militar, ha estado colaborando con trabajadores agrícolas para probar mochilas similares, a un costo de $20, en los campos. Es probablemente el primer experimento de este tipo en los Estados Unidos y, si tiene éxito, podría ayudar a los trabajadores agrícolas de todo el país a mantenerse saludables en un clima cada vez más caluroso.
Un estado caluroso con escasas protecciones laborales
Las temperaturas promedio de primavera en Carolina del Norte han aumentado 2,5 °F (1,5 °C), y las temperaturas de verano han aumentado 2,3 °F (1,28 °C) desde 1970, según Climate Central, una organización sin fines de lucro que investiga el cambio climático y sus impactos en tiempo real. El verano de 2025 fue mucho más caluroso de lo habitual, según la División de Salud Pública de Carolina del Norte, con graves consecuencias para los trabajadores y demás residentes del estado. Entre mayo y septiembre se registraron 5.748 visitas a urgencias por enfermedades relacionadas con el calor. “Esta cifra es considerablemente más alta que el promedio de los últimos cinco veranos”, escribió la división en su sitio web.
Los trabajadores al aire libre, en particular los trabajadores agrícolas se encuentran entre los más vulnerables. Cuando la temperatura corporal supera los 104 °F (40 °C), se desencadena un golpe de calor que deteriora la función de los órganos y puede ser mortal si no se trata adecuadamente.
Pero Carolina del Norte ofrece escasa protección a los trabajadores agrícolas. Oxfam clasificó al estado en el último lugar del país en condiciones laborales en 2024 debido a sus laxas políticas.
Esto deja a los trabajadores a merced de sus empleadores para mantenerse seguros. No tienen muchas opciones más allá de beber agua, pero no siempre es fácil guardar botellas de agua o tomarse descansos para hidratarse.
Y la presión para seguir trabajando, pase lo que pase, es enorme. Algunos trabajadores ignoran los síntomas de agotamiento por calor o golpe de calor porque arriesgan perder su empleo si dejan de trabajar. Mizelle contó que supo de un caso en el que un trabajador agrícola enfermó por el calor y tuvo que regresar a su país de origen; como consecuencia, su empleador no lo volvió a contratar al año siguiente.
La solución de la mochila
Mizelle ha pasado la última década estudiando los efectos del cambio climático en la salud pública y, durante los últimos cinco años, examinando los efectos del calor extremo en la salud.
“Cada verano que he hecho esta investigación, hemos roto más y más récords”, dijo, resaltando el consistente aumento en las temperaturas.
Explicó que la ley exige a los empleadores proporcionar acceso al agua. Pero los trabajadores a menudo no pueden acceder a ella fácilmente porque trabajan en grandes campos, a veces lejos del suministro de agua. Durante los descansos, dijo Mizelle, los trabajadores a veces no quieren beber demasiado porque les produce malestar estomacal.
En 2020, Mizelle estudió los niveles de hidratación de un grupo de trabajadores al aire libre. Descubrió que aproximadamente el 46% de los trabajadores estaban deshidratados antes de su turno, y todos lo estaban al final del mismo. La deshidratación es peligrosa porque reduce la capacidad del cuerpo para enfriarse mediante la sudoración y puede provocar daños permanentes en los órganos e incluso insuficiencia orgánica.
Mizelle tiene dos hermanos que han servido en el ejército, donde usaban mochilas de hidratación. Eso le dio la idea de estudiar si mochilas similares podrían darles a los trabajadores agrícolas un fácil acceso al agua.
Un sistema de mochila de hidratación disponible comercialmente consiste típicamente en una mochila exterior protectora y una bolsa interior de agua con capacidad para dos o tres litros, con un tubo flexible y una boquilla conectada. La mochila más económica cuesta alrededor de $20.
Mizelle realizó su primer estudio con las mochilas en 2022, distribuyéndolas a 47 trabajadores varones. Los resultados mostraron que la mayoría de los participantes las encontraron útiles y cómodas en el campo. Y el 90% afirmó que las mochilas les ayudaron a mantenerse hidratados. Los datos preliminares de un estudio de seguimiento realizado en 2025 muestran resultados similares.
Aunque las mochilas pueden parecer una solución sencilla a un problema grave, tienen algunas desventajas.
El dolor lumbar es frecuente entre los trabajadores agrícolas de EE. UU.., y podría agravarse por el peso de 4 kg de una mochila completamente llena.
El costo también es un problema, junto con la pregunta de quién debería comprar las mochilas. Cuando el salario mínimo de los trabajadores agrícolas es de $12,78 por hora (reducido desde $16,16 a finales de 2025), puede ser difícil motivar a los trabajadores a adquirirlas.
Lo que Mizelle quisiera ver es que tanto agricultores como trabajadores compartan el costo de las mochilas, para que ambas partes se sientan comprometidas con la solución.
Las políticas públicas también podrían ayudar. En California, los empleadores están obligados a capacitar a los trabajadores sobre enfermedades relacionadas con el calor, suministrar agua fresca y fría, ofrecer descansos en zonas sombreadas y desarrollar e implementar un plan de prevención de enfermedades por calor.
Mizelle desea que los legisladores estatales y los agricultores adopten la mochila para prevenir enfermedades por calor en los trabajadores al aire libre. Si tan solo un trabajador se libra de una enfermedad por calor, el precio de la mochila demostraría su valor, afirma.
De vuelta en Salemburg, Hernández se dirige al campo para comenzar a trabajar a las 7 de la mañana. Lleva un reloj que cuenta sus pasos. Al final del día, a veces le indica que ha caminado más de 19 millas mientras planta tabaco, limpia lechuga o recoge arándanos, según la temporada.
Dijo que si tuviera la oportunidad de usar una mochila de hidratación, definitivamente lo haría. Pero por ahora, seguirá guardando su botella de plástico dentro de su ropa y rezando para no sufrir un golpe de calor.


