by Jeff Masters, Yale Climate Connections
June 15, 2026
En septiembre de 2024, intensas lluvias de más de ocho pulgadas (203 mm) cayeron en zonas de Centroamérica y el sur de México.
Las lluvias, una señal de advertencia de lo que estaba por venir, fueron provocadas por un extenso sistema meteorológico de baja presión conocido como Giro Centroamericano, que se desarrolló sobre Centroamérica y las aguas adyacentes del Caribe, del Golfo de México y del Pacífico Oriental. Tras permanecer activo durante tres días, la porción del Giro Centroamericano situada sobre el noroeste del Caribe se separó de la baja principal y evolucionó hasta convertirse en el Huracán Helene, uno de los huracanes más notorios de la historia del Atlántico. La devastadora trayectoria de Helene a través del Caribe occidental y el sureste de Estados Unidos causó la muerte de 217 personas y provocó daños por valor de 81 mil millones de dólares, convirtiéndolo en el séptimo desastre meteorológico más costoso de la historia mundial.
Helene fue una de las tres tormentas con nombre que se originaron a partir de un giro centroamericano en 2024, junto con la Tormenta Tropical Alberto y el Huracán Rafael. En los últimos años, varios huracanes devastadores han surgido de estos giros, entre ellos el Huracán Opal de Categoría 4 en 1995, el Huracán Michelle de Categoría 4 en 1999, el Huracán Wilma de Categoría 5 en 2005 y el Huracán Michael de Categoría 5 en 2018.
Esto plantea de manera natural la siguiente pregunta: ¿cómo está afectando el cambio climático a la tendencia de los giros centroamericanos a generar huracanes? La respuesta es que, hasta donde sabemos, ni los giros ni los huracanes originados por ellos están aumentando de frecuencia. Sin embargo, es posible que el cambio climático provoque un aumento en el futuro.
Lee más: Una baja presión centroamericana podría generar Tormenta Tropical Helene
¿Qué es el Giro Centroamericano?
El Giro Centroamericano es un tipo de baja presión monzónica. Se trata de una extensa pero débil área de baja presión en superficie que, por lo general, requiere varios días para organizarse, aunque puede persistir durante dos semanas o más sobre Centroamérica y los océanos adyacentes, incluidos el Caribe occidental y el suroeste del Golfo de México.
Estos giros son más frecuentes en mayo, junio, septiembre, octubre y noviembre. A menudo generan circulaciones más pequeñas que pueden evolucionar hasta convertirse en ciclones tropicales plenamente desarrollados en el Atlántico o en el Pacífico oriental, aunque solo alrededor de un tercio de los giros centroamericanos terminan produciendo una tormenta con nombre.
Debido a que estos giros son más comunes al inicio o al final de la temporada de huracanes —cuando las temperaturas de la superficie del mar son más bajas y la cizalladura del viento es mayor—, los huracanes que generan tienden a ser más débiles que aquellos que se forman durante el período de máxima actividad de la temporada.
Climatología del Giro Centroamericano
Según el pronosticador de huracanes del Centro Nacional de Huracanes (NHC), Philippe Papin, durante el período 1980–2010 se identificaron 42 giros centroamericanos, lo que equivale a aproximadamente 1,4 por temporada. Estos giros dieron origen a un total de 14 ciclones tropicales, algunos de ellos en el Pacífico Oriental. El récord de mayor número de tormentas con nombre en el Atlántico generadas por giros centroamericanos en un mismo año es de tres, alcanzado en 2024, 2005 y 1998. Además, el Huracán Milton de 2024 se originó a partir de una onda tropical que interactuó con los remanentes de un giro centroamericano, que previamente había contribuido a la formación del Huracán Helene en el Caribe y del huracán John en el Pacífico Oriental.
Según un correo electrónico de Papin, los episodios de La Niña tienden a favorecer una mayor cantidad de giros centroamericanos, ya que debilitan los vientos alisios del este en niveles bajos al sur de Centroamérica, reforzando así la amplia circulación de aire en sentido antihorario alrededor del giro en desarrollo (abreviado como CAG, por sus siglas en inglés, en la siguiente cita):
“Esto es especialmente común durante mayo-junio y septiembre-noviembre, cuando la Zona de Convergencia Intertropical (ZCIT) del Pacífico Oriental se desplaza más hacia los polos durante las estaciones de transición, fuera del período de sequía de mediados de verano en Centroamérica”, escribió Papin. “Este patrón favorece un mayor flujo del suroeste en niveles bajos que alimenta el calentamiento intensificado sobre las tierras altas de Centroamérica. Este calentamiento desencadena una intensa actividad tormentosa (convección), y el calor liberado promueve la intensificación y organización de un CAG en los niveles bajos y medios de la atmósfera sobre Centroamérica. Sin embargo, debido al relieve montañoso de la región, estos vientos suelen intensificarse únicamente sobre zonas de menor elevación o sobre aguas abiertas, lo que contribuye a las amplias y extensas circulaciones características de los giros centroamericanos”.
Papin elaboró una climatología de los giros centroamericanos para el período 1980–2010. En ella se indica que estos giros dieron origen a las siguientes tormentas y huracanes con nombre en el Atlántico entre 1995 y 2010:
- 1995: Huracán Opal, Huracán Roxanne.
- 1996: Huracán Lili, Huracán Marco.
- 1998: Huracán Earl, Tormenta Tropical Frances, Tormenta Tropical Hermine.
- 1999: Huracán Irene.
- 2001: Huracán Michelle.
- 2005: Huracán Stan, Huracán Wilma, Tormenta Tropical Gamma.
- 2007: Tormenta Tropical Barry.
- 2008: Tormenta Tropical Arthur, Depresión Tropical Dieciséis (TD Sixteen).
- 2009: Huracán Ida.
- 2010: Huracán Alex, Tormenta Tropical Nicole.
Utilizando como referencia los informes de fin de temporada sobre ciclones tropicales del Centro Nacional de Huracanes (NHC), esta es mi actualización de las tormentas con nombre originadas por giros centroamericanos (Central American Gyres) durante el período 2011–2025:
- 2013: Tormenta Tropical Andrea.
- 2017: Huracán Nate, Tormenta Tropical Philippe.
- 2018: Huracán Michael.
- 2019: Tormenta Tropical Nestor.
- 2020: Tormenta Tropical Cristobal.
- 2021: Tormenta Tropical Claudette.
- 2022: Tormenta Tropical Alex.
- 2024: Tormenta Tropical Alberto, Huracán Helene, Huracán Rafael.
No hubo tormentas con nombre originadas por los giros centroamericanos en 2025.
¿Cómo afectará el cambio climático a los giros centroamericanos?
Respecto a la posible influencia del cambio climático sobre estos giros, Papin comentó lo siguiente:
“Es probable que los eventos individuales produzcan más precipitaciones debido a la mayor disponibilidad de humedad en una atmósfera más cálida. En cuanto a cambios en su frecuencia o duración general, esa sigue siendo una cuestión abierta. Si el calentamiento global desplaza la Zona de Convergencia Intertropical (ZCIT) del Pacífico Oriental más hacia los polos, podría aumentar el riesgo de eventos de Giro Centroamericano (CAG) sobre Centroamérica al intensificar el flujo húmedo del suroeste hacia la región, favoreciendo una mayor convección sobre las zonas de mayor altitud.”
Sin embargo, el futuro de la ZCIT —y, por consiguiente, de los huracanes generados por giros centroamericanos— sigue siendo incierto. Un estudio publicado en 2025, Response of Tropical Climate and Extreme Precipitation to Ocean Temperature in Convection‐Permitting Aquaplanet Simulations (Respuesta del clima tropical y de las precipitaciones extremas a la temperatura oceánica en simulaciones de acuaplanetas con convección explícita), concluyó lo siguiente:
“Las proyecciones climáticas discrepan en aspectos clave de la Zona de Convergencia Intertropical (ZCIT), como si se expandirá o contraerá, se intensificará o debilitará, cambiará de ubicación o permanecerá en su posición actual.”
Por lo tanto, por ahora, se desconoce cómo podría cambiar en el futuro la frecuencia de los huracanes generados por los giros centroamericanos.
Bob Henson contribuyó a esta publicación y fue traducida por Irene Sans.
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